Trabajar con constelaciones familiares no deja de sorprenderme, desde que participé por primera vez en un taller con Rakasa Lucero el año 2001, las constelaciones fueron para mí una experiencia reveladora y trasformadora, a pesar de haber estado en un camino de búsqueda y crecimiento personal por muchos años, jamás había visto algo así. Desde entonces, las mismas continúan sorprendiéndome, tanto por su poder sanador y la profundidad del trabajo, como por la evolución de las Constelaciones durante estos años.

Comencé trabajando las Constelaciones Familiares en grupo, tal como se originaron. Colocando representantes, para la persona a Constelar y miembros de su sistema familiar, en el centro de un salón, quienes luego, de manera inexplicable, mostraban sentimientos, emociones y sensaciones propias de las personas a quienes representaban. A partir de allí, teniendo en cuenta los órdenes del amor y la existencia de una conciencia familiar, pero sobre todo, siendo guiada por esta misma fuerza se mostraba el amor ciego, las lealtades que conducían a las situaciones limitantes y dolorosas para el cliente, se daba “un impulso al alma”.
Luego, introduje en mi trabajo las Constelaciones individuales, las cuales constituían para mí un reto mayor, por carecer de los representantes que mostraran y fueran guiados por esa fuerza invisible, que permitía revelar las dinámicas ocultas y encontrar la “solución”. De nuevo el trabajo me fue sorprendiendo, pues de igual manera, la información surgía y se revelaba lo oculto, apoyándome sólo en pequeñas figuras de madera y la visualización, era posible mostrar de manera inexplicable los sentimientos, emociones y encontrar un camino. Poco a poco comencé a utilizar cada vez más la visualización, la persona que se hace la constelación construye en su mente una imagen con las personas involucradas en la Constelación y estas, tal como ocurre en las constelaciones grupales permiten revelar lo oculto. El trabajo como consteladora, aunque más exigente, era en cierto modo parecido al de la constelación grupal, sugiriendo movimientos y permitiéndome ser conducida por la misma fuerza.

La manera de realizar las constelaciones individuales y grupales ha ido cambiando paulatinamente, convirtiéndose en lo que hoy se denomina Caminar con el Espíritu. Tanto en las constelaciones grupales como en las individuales, cada vez me sorprende más como, surge, se revela información y somos guiados por una fuerza mayor que de algún modo inexplicable conduce a la reconciliación y a la unión de lo que antes estaba separado.

Mireya Materán